Los líderes de la eurozona obligaron a Grecia a hacer importantes concesiones para quedar bajo supervisión externa, a cambio de un acuerdo para iniciar negociaciones sobre un nuevo rescate de 86 000 millones de euros que permitirá al endeudado país quedarse en el área monetaria.
Las condiciones impuestas por los acreedores internacionales liderados por Alemania – tras negociaciones que se prolongaron por toda la noche en una cumbre de emergencia – obligan al primer ministro Alexis Tsipras a renunciar a su promesa de poner fin a la austeridad en Grecia y podrían fracturar su Gobierno de izquierda a causa de la indignación pública.
Si la cumbre hubiera fracasado, Grecia se habría encontrado al borde de un abismo económico, con sus bancos cerrados a punto de colapsar y ante la perspectiva de tener que imprimir una moneda paralela y, con el tiempo, salir de la unión monetaria europea.

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