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Razonando fuera del recipiente

TOQUE DE QUEDA

Por Martín Benites Morales

Ni el más pesimista hubiese imaginado que después de esos años de terror de finales de los 80 e inicios de los 90, volveríamos a vivir un toque de queda o inmovilización social obligatoria, como quieras llamarlo. Otra medida más para frenar el avance del Coronavirus en nuestro país, que regirá de 8 de la noche hasta las 5 de la mañana del día siguiente.

Mismo mandato para dos contextos totalmente diferentes. Antes le teníamos miedo al terrorismo y sus atentados, ahora le tenemos miedo a los mismos peruanos irresponsables que no han acatado la orden de permanecer en sus casas en los dos primero días de cuarentena. Ah, y al Coronavirus también, por supuesto.

Como dicen, situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Pero, ¿Cuál será el límite de estas medidas? Es decir, primero el aislamiento social, cierre de fronteras, ahora el toque de queda durante 9 horas, y luego qué ¿Estamos esperando a que se extienda durante todas las 24 horas del día? ¿A que no se pueda salir ni a comprar alimentos?

Suena exagerado, pero el toque de queda también lo sonaba y mirémonos ahora. Ya hasta debe aburrir leer, escuchar y decir que debemos de dejar de tomar esto a la ligera. Hay gente que está muriendo por este virus, no aquí felizmente, y justo eso es lo que se quiere evitar. No lamentar vidas en nuestro territorio. ¡El Estado no te está prohibiendo salir porque se le da la gana!

Parece que no hemos acostumbrado, para mal, a esperar que ocurran las tragedias para recién actuar. Ya hasta lo hemos normalizado cuando pasa un terremoto, un huayco, un accidente de transito, un feminicidio o cualquier otra desgracia. Lamentar antes de prevenir se ha convertido en una peruanada más.

Y ahora que el Estado está teniendo la determinación para adelantarse a las fatalidades, nos importa un comino. Lo peor es que no son las personas imprudentes e incompetentes las que pagan los platos rotos. Son inocentes los que se ven más afectados. Como dice el dicho, justos pagan por pecadores.

Como dijo Albert Camus en su novela La Peste, “las pestes y las guerras generalmente llegan cuando la gente está más desprevenida, esto es, cuando nadie está pensando en ellas.” Y aunque el Coronavirus ya haya llegado, no es tarde para estar alertas y depende de todos que las calles de Perú no se conviertan en las de la ciudad argelina de Orán descritas en la obra, spoiler alert, repletas de cadáveres.