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Razonando fuera del recipiente

TAMBIÉN SOMOS UN VIRUS

Por Martín Benites Morales

Ahora, encerrados en nuestras casas producto del brote de Coronavirus ¿imaginamos alguna vez que llegaríamos a estar en esta situación? Muchos quizá no. No hay problema. La verdad que esta coyuntura era tan utópica que fácilmente pudo ser un libro más de George Orwell, pero lamentablemente es una realidad.

A los que pensaron que sí, seguramente se les calificó de dementes o simplemente no les hicieron ni caso. Y bueno, como dije, esto era tan difícil de creer que no deberías culparlos porque se trata de una crisis sanitaria que nadie la provocó, por lo menos es lo que se cree hasta ahora. Aunque algunos piensan que fue Estados Unidos o China.

Pero si hay algo a lo que sí podemos encontrar culpables, es al cambio climático. De eso sí no hay dudas. Los seres humanos nos hemos encargado de destruir nuestro hogar tanto que ahora que no hay casi nadie afuera, nos sorprendemos por lo diferente que percibimos el ambiente: el mar se ve más azul, el aire se siente más puro, etcétera.

Incluso hemos llegado a destacar como noticia que aparezcan delfines en la Costa Verde, sin tener ni idea que siempre estuvieron ahí, pero que no salían por nosotros. Somos realmente el problema y los culpables de que más realidades ficticias puedan suceder. Pero aún así, a pocos les importa.

Sabemos que el aburrimiento ha contagiado a más personas que el Coronavirus, con la diferencia de que nadie muere por estar aburrido. Y eso debe quedar claro para que no sea tomado como excusa para infringir las medidas de prevención del Gobierno. Por eso una buena idea para combatir ese otro mal es cuestionarnos qué hacemos y no hacemos para evitar el calentamiento global.

Desde nuestras casas podemos empezar con reducir nuestro consumo de agua y de energía eléctrica. Administrar por ejemplo el tiempo que usamos para bañarnos, lavar la mayor ropa posible al mismo tiempo, desenchufar los electrodomésticos que no estemos utilizando o apagar las luces de las habitaciones donde no estemos.

Y con la esperanza de que muy pronto salgamos a las calles otra vez, comprometerse a usar menos el auto, a no botar basura en las calles, reducir nuestro consumo de plásticos. Tratar de comer menos carne, si tienes la fuerza de voluntad para hacerte vegetariano, mucho mejor. Plantar árboles, fomentar el reciclaje. Hay mucho para hacer.

Seguro crees que de qué sirve que tú hagas esto si otros no lo harán. Eso no debería desanimarte. Por algo se empieza, y nunca es tarde para mejorar. Aparte, ten en cuenta que lo poco hace mucho. De nosotros depende que nuestra vida no se convierta en una película como “El día después de mañana”.