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Razonando fuera del recipiente

MIEDO A LA MUERTE

Por Martín Benites Morales

Perder a un ser querido es una de las situaciones más tristes que uno puede afrontar. No importa el parentesco que se haya tenido, ya no verlo ni escucharlo crea un vacío que es muy difícil de llenar. Y aunque sabemos que ya no estará físicamente, su recuerdo prevalecerá en nuestras memorias, hasta que seamos nosotros a los que nos toque partir.

El Coronavirus, esta enfermedad que ha llegado desde el otro extremo del mundo a nuestro país, nos ha regresado a muchos ese miedo a la muerte, a dejar de existir, y no está mal la verdad. Es necesario tenerle temor. Saber que no somos intocables y que estamos expuestos a un sin fin de peligros hace que valoremos estar vivos.

Sin embargo, para otros este virus no es lo suficientemente mortífero como para tener esa actitud. Los más de 33 mil peruanos detenidos en estos primeros 15 días de estado de emergencia son prueba de esto. Uno se pregunta qué pasa por la cabeza de esas personas para poner en riesgo su vida y las de sus familiares y amigos, y peor aún la de todos nosotros. Simple, no se valoran ni valoran lo que tienen.

Y es por ellos que el Estado ha decidido ampliar el periodo de toque de queda por 2 horas más en todo el Perú empezando desde hoy a las 6 de la tarde, excepto en Piura, La Libertad, Tumbes, Lambayeque y Loreto, que regirá desde las 4.

Que no se mal entienda, evidentemente hay personas para quienes el estado de emergencia no les impide trabajar. Ellos también arriesgan su salud y no es porque menosprecien al virus, sino porque han puesto la vida de los suyos por delante. Y también las de todos los peruanos, aunque muchos no sepan ser agradecidos e incumplan las medidas de prevención.

No esperemos que nos contagie el Covid-19 para recién ser conscientes de lo que estamos viviendo. Ponte por un segundo en los zapatos de los familiares de los 950* infectados o de los de los 24** fallecidos hasta ahora. Trata de pensar en dolor, la incertidumbre, la rabia, el desconsuelo en el que se encuentran esas personas.

No se quiere generar pánico, no se está diciendo que todos vamos a morir por el virus, sino todo lo contrario. Queremos evitar eso. La violencia no es la respuesta a todo, una cachetada no siempre hará que nos demos cuenta de que estamos haciendo mal, y por ello debemos de apelar a lo que nos distingue de los otros animales: a razonar.

La empatía, el respeto, la responsabilidad, la humildad, etc, nos puede ayudar a resolver problemas de forma pacífica. Son las cualidades que tenemos como seres humanos que a veces ni le hacemos caso, pero qué bien que nos haría hacerlo.

Para finalizar, respeta por favor las normas impuestas, no eres invencible. Tampoco creas que por tener o no tener dinero, por ser o no ser famoso, el virus no te va a dar. Y si no lo quieres hacer por ti, hazlo por tus seres queridos. Como dice el meme: “¿tú no tienes mamita, mano?”. ¡Pensá!

(*) y (**) cifras hasta el 30 de marzo del 2020.

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POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE, PERO NO MENTALMENTE, ACTIVA

Por Martín Benites Morales

No hay dudas del impacto económico que está generando el coronavirus en el mundo, y por supuesto, en nuestro país. El Poder Ejecutivo, a través de un documento enviado al Congreso hace unos días, evaluó que la proyección de crecimiento económico que a inicios de año era de un 4%, disminuirá a un 2%. Lamentable.

Ni tampoco nadie le quita importancia. ¿Acaso no le interesa a los recepcionistas del bono de 380 soles? ¿a los trabajadores informales que no recibirán ningún ingreso durante la cuarentena? ¿o también a los formales cuyos sueldo se verán recortados? ¿a los que viven del turismo, de la gastronomía, del deporte, o de cualquier otra ocupación no indispensable en este estado de emergencia?

Claro que sí, la economía nos afecta a todos, desde el pequeño al más grande, a unos más que a otros evidentemente. El Coronavirus igual, pero para algunos no es así. Para ellos el virus distingue edad, situación económica y social. Creen que tienen derecho a decidir quién se infecta y quiénes no. Hablan desde su posición privilegiada.

Uno por Twitter dice que “la cuarentena está mal enfocada”, que “solo debería ser para gordos, hipertensos, diabéticos y ancianos” y que “todos los demás a trabajar”. Ese señor no se da cuenta de que ese “demás” que irá a trabajar tiene un hogar, y en ese hogar puede haber un “gordo, hipertenso, diabético o anciano” al que se le puede contagiar el virus.

Otro, en el diario donde una columnista insultó a su ama de llaves en su espacio de opinión; dice en su columna que el Estado está priorizando la vida de unos que la de otros. ¿Por qué? Porque según su punto de vista, al Gobierno le importa más evitar más muertes por el coronavirus que la muerte de las personas que morirán por la reducción del crecimiento económico.

Los fallecidos por coronavirus, hasta la emisión de este artículo, es de 18. La cifra de muertos por la reducción del crecimiento económico es de… cero. ¿Debe el Estado dejar de priorizar la realidad, por un futuro de varias décadas? 

Para el INEI, la Tasa Bruta de Mortalidad según los indicadores demográficos esperada para este año 2020, es de 5 mil 830 personas. Es decir, miles de personas van morir por diferentes causas, y para impedir que esa cifra aumente por el Coronavirus, es que el Ejecutivo está implementando las medidas que ya conocemos.

Ah, ¿saben también cuántas camas de UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) tiene el Perú? 685 a nivel nacional. De ellas el 90% ya están ocupadas en Lima, y el 70% en provincias. Hasta ayer, 40 de los 853 infectados por el Covid-19 están UCI. El 14 de marzo, Jesús Valverde, presidente de la Sociedad Peruana de Medicina Intensiva, reveló que sólo tendríamos 60 camas para 400 posibles pacientes graves de coronavirus. Reste usted cuántas quedan.

Para los que dicen nuestra situación no es la misma que la de Europa, no les falta razón, pero ¿queremos que lo sea? ¿que nuestras UCI colapsen? ¿que se tenga que elegir a quién salvar? Por favor, ya basta de querer menospreciar la vida humana por algo que sí se puede recuperar como la economía. No hay cantidad de dinero que pueda revivir a un ser humano.